
A la ratita le pareció una idea genial pero Almendrita lloraba y lloraba porque la casa del Señor Topo estaba bajo tierra y si se casaba con él nunca más volvería a ver el sol, ni a sus amigas las flores, ni a los pajarillos, ni a los árboles.
La ratita hizo que las arañas le tejieran el más bello ajuar que una novia puede tener, sábanas de fina y delicada tela, manteles bordados con esmero pero ¡pobre Almendrita! cada vez estaba más triste.
Un día escuchó una voz en el cielo que le decía "Queví, queví", era su amiga la golondrina que le dijo: _ Ya llega el frío y mis amigas y yo nos vamos a las cálidas tierras de Egipto a pasar el invierno.
Almendrita le contó que ya no la vería más pues al día siguiente se casaría con el Señor Topo que la llevaría a su gran palacio debajo de la tierra y no volvería a ver el sol, ni se bañaría en el río con las ondinas, ni volvería a oler el aroma de sus amigas las flores.