Orientándonos gracias al sol, pronto encontramos los campos de flores. Ya desde muy lejos podemos sentir el aroma y los olores. Podríamos llegar con nuestros cinco ojos cerrados, pero los llevamos bien abiertos y a la vuelta de la vieja encina... ¡qué maravilla!
Los colores son brillantes y parece que nos llaman a voz en grito. Hacía mucho tiempo que no veníamos a esta zona y está rebosante de flor abierta. Es magnífico. Vamos a tener trabajo para varias semanas.

No os podéis imaginar cuánto tenemos que trabajar. Para poder fabricar una sola de vuestras cucharadas de miel tenemos que visitar nada más y nada menos que cuatro mil flores, pero somos muchas y las flores huelen tan bien...
Además en la tarea de la polinización nos ayudan otros muchos insectos, pájaros como los preciosos colibríes, e incluso mamíferos como algunos murciélagos.
