







La noticia corrió por el bosque de pico en pico, ya que los pajarillos con su trinar, se lo contaron a todos. Los animales se acercaron curiosos a ver a la cría humana, que era muy rara, tenía dos piernas pero no podía andar y agitaba sus pequeños brazos mientras emitía un sonido muy agudo… claro, el nene lloraba del susto.
Avisaron a las hadas, que son las que más saben de bebés, porque cuando nace un niño, las hadas siempre van a visitarlo y les regalan sus dones. A uno le dan una bonita voz para cantar, a otro una gran inteligencia, a otro le dan el don de saber pintar…
Cuando llegaron las hadas, rodearon la pequeña cuna mientras explicaban a los animales que no era una cría rara, que los humanos eran así, un poco distintos a ellos, pero que también tenían sentimientos, jugaban, amaban, lloraban y sentían dolor igual que los árboles o cualquier animal del bosque.
Una de las hadas se acercó y le dio el don de entender el lenguaje de los pájaros y enseguida, el bebé sonrió encantado y sorprendido al comprender los trinos de las aves.
La segunda hada, le dio el don de la justicia, para que siempre supiera lo que está bien y lo que está mal y no dañara a nadie con sus actos.